Cuando estuve en Malasia una amiga me pidió que le comprase una muñeca Blythe. Por lo visto, en Europa es complicado encontrarlas y son muy caras. El modelo que me pidió cuesta unos 200€ en eBay y allí la vendían por menos de 150.
No sabía nada de estas muñecas, pero por lo visto tienen una popularidad de la ostia. Dejo una galería de flickr que tiene imágenes muy chulas de las muñecas estas:
tienen un puntito inquietante que acojona…
… o no me ha dicho toda la verdad. Y ya estoy harto de tanta mierda.
Situación: Un contrato de Internet con Ono, uno de teléfono con telefónica. ¿para qué pagar a dos proveedores de telecomunicaciones? Y más cuando todos con internet ofrecen llamadas nacionales gratis.
Bien, al asunto. Por varias razones elegí Ono, Internet ha funcionado siempre muy bien, la instalación está hecha (no hacían falta cacharros diferentes a los que ya están) y los precios a priori eran similares.
Error.
Llamé por teléfono a antes a verificar precios y ofertas que en la web no hay forma de verlo. Ojo, en la web aparecen ofertas que son válidas unos meses y que no incluyen IVA ni extras como el alquiler del cable módem.
Una amable señorita me dijo que 39,95 al mes (o eso creo recordar, por lo visto no era así) más o menos lo que costaba internet antes y tendría además llamadas. No me parecía demasiado barato, sino al nivel de las ofertas que anuncian otros proveedores pero era un ahorro frente a pagar a dos proveedores.
Primera factura, 89 euros.
Con dos cojones. Desglose 50€ del servicio, 9 del cablemódem, cambio de servicios 19 e iva unos 12. Por supuesto, en la factura aparecen cientos de cargos positivos y negativos que se anulan, esto es sólo el resumen.
Llamo por teléfono a que me lo expliquen, y de paso me desahogo con el pobre hombre que me atiende desde el otro lado de los mares.
Resulta que la cuota son 50 al mes, más cablemodem más IVA. Unos 70 euracos al mes, esencialmente lo mismo que venía pagando antes. Les digo que me bajen la velocidad de la conexión de 6 a 3MB. Me dicen que eso cuesta 40€ (con dos cojones). Les pregunto si tengo que pagar algo para darme de baja, 150€ de permanencia. ¡¡Después de ser clientes durante casi 10 años!! Abro una reclamación, que me imagino que servirá de poco.
Estoy seguro que desde el punto de vista legal ellos tienen razón, pero me da igual. Me siento estafado.
No contrates ONO.
El año termina hoy, y los medios nos inundarán con especiales de lo que sucedió en 2008. Sin embargo hubo algunas noticias a lo largo del año que pasaron desapercibidas. Foreign Policy ha recopilado diez de ellas:
1. El refuerzo en Afganistán empieza antes de lo previsto
2. Aumenta la producción de coca en Colombia
3. El próximo Darfur se calienta
4. Estados Unidos ayuda a India a construir un escudo antimisiles
5. Rusia trata de conquistar África
6. Los paneles solares emiten gas de efecto invernadero
7. El acero de Shanghai no pasa las pruebas de seguridad básicas
8. La ayuda a Georgia paga un hotel de lujo en Tbilisi
9. Por primera vez, un ciudadano estadounidense es condenado por torturas en el extranjero
10. Una empresa estadounidense vende ‘pistolas sónicas’ a China
Uno puede leerse el artículo de ayer de el País en que cuenta cómo Bernard Madoff le hizo el lío a un montón de gente o bien ver cómo lo cuenta Leopoldo Abadía con Buenafuente. Viene siendo lo mismo.
Lo impactante es cómo a un tío que roba cincuentamilmillones de pavos (son muchos pavos) le cae un arresto domiciliario, tiene más de setenta años, no salir por la noche no supondrá un gran trastorno y una multa de trescomacuatromillones de pavos (que son unos cuantos pavos, pero muchos menos los que se ha llevado).
Por los regalos. Por las bragas de blancanieves. Por la pandereta. Por los ralladores. Por la botella de orujo que nos es algo familiar. Por Isabelita, que ocupará un lugar destacado en la chimenea. Por las fotos de los Kiss. Por los cubiertos. Por los boles. Por la tabla de cortar. Por el sacacorchos.
Y por venir.
con esto, nuestro piso es aún más entrañable
Esto es un correo de Fer, mi compañero de piso enviado para alegrarnos la mañana:
Una ducha es una ducha, sí, pero NO.
Cada ducha es distinta y única. Ayer estaba limpiando la ducha del piso viejo y el agua salía uniforme, con fuerza, no se cortaba (debe ser algo así como conducir un Ferrari). Si la comparaba con nuestra nueva ducha, las diferencias saltan a la vista. No se a vosotros, pero ducharme en el piso nuevo cada día es una aventura. Aunque tambien, afortunadamente, cada día sufro menos:
Lunes por la mañana. Le doy al agua caliente; no está caliente, está a punto de hervir. Abro el agua fría. Calculo mal y se enfría demasiado. Después de dos minutos calibrando, llego a la temperatura pseudo-ideal (Demasiado caliente). Me meto en la ducha. Casi le pego un cabezado a la alcachofa de la ducha. Eso me hace pensar en quien ostias vivía antes en nuestra casa – seguramente unos pigneos folladores (lo de folladores lo digo por el condón encontrado en un cajón de mi habitación). Me enjabono. Me pongo casi en cuclillas y me meto debajo de la ducha para quitarme el jabón. Se me enfría el agua -empiezo a dar saltos como un gilipollas, el agua fría jode mucho-. Termino quitándome el jabón despacito y con la mano. Acabo de ducharme.
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Desniveles de más de 4º en algunas habitaciones. En concreto, la mía.
Para el que nunca haya visto un transportador pondré algún ejemplo. El Tourmalet, uno de los puertos de montaña míticos del Tour de Francia, tiene en sus rampas más duras, un 10% de desnivel. Es decir, nuestro piso esconde rampas en las que un ciclista sin chutarse las pasaría putas.
Dejo un dibujito para que se vea claro:
y hemos vivido un año aquí… con dos cojones!
Teníamos tiempo de sobra. No parecía que tuviésemos muchas cosas. Éramos jóvenes y fuertes. Iba a ser pan comido. Peeeeero al final fueron unos siete infernales viajes en coche a horas bastante intempestivas llevando la mierda que teníamos en un piso al otro.
Pra evitar atascos, decidimos que lo mejor era hacer los viajes de noche. La primera, con un entusiasmo desmedido, empezamos a las once y terminamos a las tres de la madrugada. Unos 3 viajes si no recuerdo mal, perdiéndonos, cagándonos en todo y preguntándonos para qué cojones querríamos tanta mierda.
Si el primer día terminamos hasta la polla, en el segundo las ganas de cortarnos las venas -del modo adecuado- crecieron exponencialmente. Más mierda, mucha más mierda. Otros tres viajes.
Dejamos la cocina para el último día. Total, no teníamos platos, ni vasos. Tampoco utensilios de cocina ni cubiertos. Sólo algo de comida caducada en los armarios y podrida en la nevera. Pese a todo conseguimos llenar el coche con uno de los bienes más preciados de Pelón: el jamón.
En una mudanza siempre se pierde algo, no importa que la hagas tú o la hagan por ti. De 7 viajes de mierda, con el coche lleno de cajas de mierda, no perdimos nada. Somos unos cracks.
Bueno, dejamos el jamón en un banco delante de casa como ofrenda, para los espíritus del barrio. A Pelón le hizo muy feliz el tema.
Fue hace ahora 11 meses cuando Pelón llegó a una empresa de hijos de puta inmobiliaria -que por el bien de la humanidad se ha ido a tomar por el culo ha cerrado- para ver un piso que tenía buena pinta. Se lo enseñó la maciza de la agencia, junto a un grupo de otras ocho personas y se fue. Me llamó, me dijo que le convencía y nos fuimos de bares. A eso de la una de la mañana, volviendo a nuestra desangelada casa de Legazpi, se metió la mano en el bolso y sacó las llaves del piso que con malas artes accidentalmente se había llevado… porque nos pillaba a tomar pol culo, si no, hubiéramos ido a verlo.
A primera hora del día siguiente llamó a la inmobiliaria comentando que nos convencía el piso y que, ejem, si habían echado en falta las llaves… Tranquilamente nos dijeron que, claro, con la tropa de rumanos del piso de arriba pensaron que no era buena idea dejar la puerta abierta y cambiaron la cerradura. Nosotros, como siempre, haciendo amigos.
Unos días después nos llamaron para firmar el contrato en la empresa de hijos de puta agencia, donde nos esperaba un entrañable anciano, que amenazaba con dejar de respirar en cualquier instante.
Tras desembolsar un pastizal, firmamos un contrato cutrísimo (por dios, si en Internet hay modelos de contratos de alquiler mil veces mejores!) y nos dieron las llaves del piso. Aunque en teoría no podíamos ir aún -el contrato no se hacía efectivo hasta unos días más tarde-, qué ostias, teníamos ganas de ver el piso otra vez para ver si olvidábamos nuestras penurias sin platos ni cubiertos del piso de Legazpi. Después de 20 minutos intentando abrir la puerta -Natalia y Lurdes saben de qué hablo-, conseguimos entrar. ¡¡Qué bonitas eran aquellas bragas rosas tendidas en la cocina!! Y las mochilas por el piso. Y los armarios llenos de ropa. Y la cocina con comida… Como somos gente con estudios, llegamos a la conclusión de que había gente viviendo allí y nos largamos cerrando la puerta suavecito, suavecito.
Volvimos el día que marcaba nuestro contrato, y, para desgracia del fetichista que hay en mí, ya no estaban las bragas rosas, pero al menos no había nadie viviendo allí.